Romina Castaño
Detrás de Diario en la Esterilla
Sobre la autora
Trabajo como traductora freelance de español e inglés desde Miraflores, Lima, con clientes repartidos en varios husos horarios y jornadas que rara vez respetan un horario de oficina normal. Los archivos llegan a cualquier hora y los plazos casi nunca avisan con anticipación.
La esterilla entró en mi rutina en el 2020, en la esquina de la sala del piso que arriendo en Miraflores, con vista parcial al Pacífico en los días despejados de invierno. La puse a un metro del escritorio, sobre el parqué, justo donde hay una tabla suelta que cruje en el paso de guerrero a triángulo. La lámpara del escritorio sigue apuntando a mis libros de consulta, no a la esterilla, y por la ventana sin cortina entra ese gris seco del invierno limeño desde las seis de la mañana. Empecé porque dormía mal y se me quedaba rígido el cuello de tanto estar sentada frente a la pantalla. El gato se acomoda en el bloque casi siempre que lo dejo a la vista. La abuela enciende una vela cada vez que me ve haciendo pranayama desde el pasillo. Seis años después la escena casi no ha cambiado: veinte minutos de secuencias de pie antes de abrir el primer archivo de traducción del día.
Este año un cliente con el que trabajaba hace tiempo recortó su contrato, y de un día para otro tuve dos tardes libres entre semana que no sabía muy bien cómo llenar. Las usé para inscribirme, por fin, en un instructorado de yoga a través de Hotmart. No busco dejar la traducción: quiero averiguar si seis años de práctica por cuenta propia resisten cuando alguien más pone la estructura, el temario y los plazos.
Lo que sé de yoga lo sé por practicar sola durante seis años y por lo que este instructorado me está enseñando recién ahora, en 2026: no tengo formación en anatomía ni en kinesiología, y hasta este año tampoco tenía ningún programa formal detrás. Cada entrada dice si terminé un módulo completo, si lo vi a medias un sábado con la cabeza en otro lado, o si simplemente lo dejé pasar. Para posturas que cargan la rodilla o el hombro, lo que escribo no reemplaza a una instructora presencial que pueda ver tu cuerpo y corregirlo en el momento: ese criterio no se transmite bien a través de una pantalla.
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